La nutrición es un componente crítico en el manejo y el pronóstico de la Fibrosis Quística (en adelante, FQ) por todas las consecuencias que acarrea esta enfermedad, ya expuestas en el artículo Fibrosis Quística: más allá de una simple enfermedad. Por tanto, mantener un estado nutricional adecuado es un factor crucial, ya que con una buena alimentación el deterioro de la función pulmonar será menor.

El tratamiento nutricional de los pacientes de FQ tiene 2 objetivos para alcanzar su finalidad: asegurar un correcto crecimiento y desarrollo en niños, y conseguir y mantener un estado aceptable de salud a lo largo de la vida. Por tanto, es importante hacer hincapié en la necesitad de prevención e intervención precoz con objeto de evitar el fallo nutricional o corregirlo lo antes posible, especialmente en el período peripuberal, ya que es una etapa crucial para alcanzar el pico de masa ósea, con lo que evitaríamos posibles complicaciones futuras de osteoporosis y osteopenia.

Por lo general, las personas con FQ necesitan un mayor aporte calórico a causa de las enormes pérdidas de nutrientes, del mayor trabajo pulmonar que experimentan y del descenso en la ingesta que predomina durante los períodos de infección. Por tanto, una persona con FQ puede seguir una alimentación totalmente normal, incluso puede comer más que una persona sin FQ para alcanzar sus requerimientos.

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Cambios a realizar en la dieta.

Antes de proceder a realizar los pertinentes cambios en la dieta, es aconsejable realizar al paciente una valoración detallada de los hábitos alimentarios habituales con una encuesta dietética de, al menos, 3 días. Esto nos será útil a la hora de corregir posibles hábitos erróneos e introducir paulatinamente los cambios pertinentes para optimizar el estado de nutrición.

Durante los primeros meses de vida, las indicaciones para el niño con FQ son las mismas que para los que no la tienen. Éstas vendrían a ser, en primer lugar, lactancia materna seguida, a partir de los 6 primeros meses, de la introducción progresiva de alimentos. Sin embargo, a partir de este punto es cuando los hábitos alimentarios adquieren un papel relevante, especialmente en la edad infantil y en la adolescencia. Por tanto, se deberá realizar un seguimiento del ritmo de crecimiento y de la ganancia de peso más continuado y garantizar la adquisición de hábitos alimentarios correctos evitando dietas desequilibradas y monótonas.

Como ya se ha mencionado, la dieta es prácticamente como la de una persona sana, pero sin olvidar la pequeña cláusula de que, a causa de la enfermedad, se han de tener unas cuantas precauciones, como por ejemplo, repartir las comidas en 3 tomas principales y 2-3 tomas intermedias o elegir alimentos naturales «que engorden», todo ello con el fin de incrementar el aporte calórico. ¿Y qué son alimentos naturales «que engorden»? Pues bien, con este término nos venimos a referir a 2 grupos de alimentos:

  1. Alimentos grasos, como el aceite de oliva virgen, frutos secos y pescados grasos como el atún o el salmón. La persona con FQ no suele presentar niveles elevados de colesterol o triglicéridos, por lo que a veces se permite recomendar alimentos calóricos «menos sanos» como quesos grasos, salsa, natas o snacks comerciales.
  2. Alimentos con azúcar, como dulces (caseros a ser posible), helados, chocolates o yogur azucarado. En el caso de presentar una FQ concomitante con diabetes, estos alimentos no quedarían prohibidos, sino que simplemente habría que contabilizar y controlar su consumo.

Las recomendaciones generales en cuanto a requerimientos energéticos, de macro y micronutrientes son las siguientes:

  • Energía: aportar entre el 120-150% de los requerimientos estimados por edad y peso, estando indicado superar el 150% en caso de pérdida de peso.
  • Proteínas: aportar entre el 120-150% de los requerimientos estimados por edad y peso.
  • Lípidos: el aporte lipídico de la dieta debe suponer un 35-45% de las calorías totales de la dieta, a diferencia del aporte adecuado para la población sin FQ (30-35%). No obstante, se debe controlar que el aporte de ácidos grasos saturados no supere el 10% el aporte lipídico diario.
  • Vitaminas liposolubles: se recomienda suplementar vitaminas A, D, E y, en función de los valores dados en análisis clínicos, plantear la suplementación de vitamina K.
  • Minerales: se debe asegurar especialmente un aporte adecuado de calcio, cinc, hierro y sodio.

En lo que se refiere al consumo de sal, ésta se tomará en cantidades normales (no más de 7g al día) sin olvidar que en períodos de mucha calor o de actividad física intensa se puede necesitar un aporte extra de sal que podremos cubrir con alimentos salados como frutos secos o palomitas, al que se debe acompañar con la toma de abundantes líquidos para evitar un posible cuadro de deshidratación.

Para ayudar a cubrir los requerimientos energéticos especialmente exigentes de la FQ, se puede optar por la opción de enriquecer los alimentos sin aumentar su volumen con algunos de los siguiente tips donde se recurre al uso de los alimentos naturales «que engordan» mencionados unos párrafos más arriba:

  • Tomar la fruta con leche y azúcar en forma de batido.
  • Adición de queso, aceite de oliva virgen, picatostes de pan frito o almendras trituradas a sopas, purés y cremas.
  • Rehogar las verduras en aceite de oliva y acompañarlas con salsa bechamel o jamón.
  • Adición de nata, queso, bacon o frutos secos a la pasta.
  • Cocinar la carne y el pescado usando las técnicas de empanado y rebozado o en forma de guiso.

Suplementación.

En muchas ocasiones la dieta resulta insuficiente pese a las manipulaciones dietéticas oportunas, principalmente por los episodios de inapetencia y por el hecho de que la absorción de nutrientes está menguada en la FQ, y se hace necesaria la suplementación (uso de leches fortificadas, suplementos de carbohidratos, de proteínas, etc.) e incluso el uso de soportes de alimentación artificiales (nutrición enteral o parenteral). Todo con el fin de complementar la ingesta de alimentos y nunca como sustitución de la misma.

Además, en aquellos casos de FQ donde se diagnostica insuficiencia pancreática exocrina, se hace indispensable la suplementación enzimática de por vida, ya que bajo estas condiciones el páncreas se encuentra incapacitado para secretar aquellas enzimas responsables principalmente de la digestión de las grasas de la dieta. Por consiguiente, si no se aportan estas enzimas de forma exógena, la grasa no se digiere ni se absorbe y se excreta con las heces, originando un cuadro de esteatorrea (heces amarillentas y malolientes por el excesivo contenido en grasa).

Por último, es importante seguir todas las indicaciones y tomar todos los suplementos prescritos, ya que así aseguraremos una mejor calidad de vida a lo largo del transcurso de la enfermedad.

Bibliografía

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