¿Qué hacer si mi hijo no quiere comer?

Nutrición infantil

La alimentación de los hijos es un tema que siempre preocupa y, cuando somos padres o madres, nos inundan mil y una dudas al respecto. Llegan las temidas fases alimentarias en las que el pequeño no quiere comer verduras, sólo quiere comer carne o rechaza cualquier alimento que le ofrezcamos. Y uno de los problemas a los que nos enfrentamos los padres durante un periodo determinado es cuando el niño no quiere comer nada.

Significa una época de bastante estrés para los padres porque, aunque le ofrezcamos determinados alimentos, el niño no los quiere. Únicamente quieren tomar una cantidad escasa de comida, galletas o un pedazo de pan. Llegan en este momento, las dudas más frecuentes: ¿le faltará algún nutriente?, ¿estoy haciendo algo mal?, ¿le doy una galleta antes de que pase hambre? La respuesta a estas preguntas es más sencilla de lo que parece, según nos cuenta la nutricionista Sara Jiménez.

 

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Llegan en este momento, las dudas más frecuentes: ¿le faltará algún nutriente?, ¿estoy haciendo algo mal?

Mi hijo no come, ¿debo obligarle a comer?

Lo primero que debemos hacer es no entrar en pánico porque el pequeño no quiera comer. No pasa absolutamente nada si no come una mañana. No debemos dejar de ofrecer comida por el simple hecho de que el niño no quiera tomarla. Lo más adecuado sería sentarlo a la mesa, ofrecerle la comida y que él mismo decida si la quiere tomar o no. Lo que no debemos hacer es ofrecerle otra alternativa insana para que no pase hambre porque, normalmente, esa alternativa está basada en azúcar, harinas refinadas y grasas de mala calidad, es decir, galletas, bollería, gusanitos, patatas fritas, etc…

No debemos ofrecerle este tipo de productos como alternativa a la comida principal porque el niño asociará que no comer a medio día supone un dulce o un snack como compensación, y esto complica aún más esta fase de poco comer.

Cuando hablamos de ofrecer comida se entiende por poner el plato delante de él y que sea él mismo el que decida la cantidad que quiere tomar. No debemos obligar nunca a comer por varias razones. La primera de ella es porque el niño tomará como obligación la comida, no disfrutará de ella y creará un sentimiento de ansiedad y frustración bastante alarmante en un futuro, el cual podría desencadenar una relación tormentosa con la comida.

El segundo motivo por el cual no debemos obligar a comer a un niño (ni a nadie) es porque se desactiva la señal de saciedad innata que tienen los niños. Los adultos no sabemos cuándo un niño está saciado o cuando sí tiene hambre; esto, sólo el niño puede saberlo. Basta con imaginarnos a nosotros mismos a la hora de la comida y que nos estén obligando a comer (metiéndonos incluso la cuchara en la boca), aunque no tengamos apetito. Sería algo horrible y nos causaría ansiedad. Lo mismo ocurre con los niños. No debemos obligarles a comer. Los niños saben realmente cuando tienen que parar de comer o cuando no quieren.

 

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¿Es bueno premiarle cuando come?

Si conseguimos que el niño coma algo de comida, tampoco deberíamos premiarle con dulces o regalos porque lo asociará siempre a algo material, a la bollería o a los productos procesados, y comerá pensando únicamente en la recompensa que tendrá después. En casa se debe tener siempre opciones saludables porque, si el niño no quiere comer el plato principal, podrá tomar algo sano como alternativa, pero no como un regalo (como supone una bollería). Por ejemplo, si no quiere tomar un plato de lentejas, tiene como opción tomar una macedonia de frutas.

Es muy importante también practicar con el ejemplo en casa. Los niños son auténticas esponjas para aprender y repetir todo lo que ve en casa. Carece de sentido que se pretenda que el niño coma unas judías verdes si nosotros estamos comiendo una hamburguesa. La comida debe ser la misma para todos los miembros de la familia.

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En estas fases de inapetencia o rabietas por la comida es fundamental prepararle al niño comida apetecible y que le llame la atención. Aquí, nuestra imaginación es fundamental. No es lo mismo presentarle un plato de brócoli hervido, tal cual, que presentarle un plato de brócoli dibujando una cara sonriente. Se trata de platos creativos y saludables que llamarán la atención del niño y aumentará las probabilidades de que se lo coma.

Y ante todo, hay que tener claro que se trata de una fase transitoria, al igual que existen las fases de rabietas, por ejemplo.

Debemos pasarla con la mayor de las paciencias y contar siempre con opciones saludables en la mesa para ofrecerle al niño. Si el niño juega y se le ve feliz, no hay de qué preocuparse, está sano. Aún así, si esto nos preocupa, lo correcto e ideal es acudir a un dietista-nutricionista que valore la situación y aporte consejos de calidad para esta fase.

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