A pesar de que la nuestra es una sociedad altamente individualista, y del auge que en los últimos tiempos están teniendo disciplinas como el mindfulness u otras prácticas de meditación, el cultivo de una relación fuerte y saludable con un@ mism@ no está de moda. Faltan espacios y cultura de la introspección, en un mundo concebido por y para las personalidades extravertidas. Sin embargo, los beneficios de cultivar estas habilidades son múltiples.

 

“Déjate absorber por el presente.

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La gente feliz no vive en el pasado o se preocupa por el futuro. Saborea el presente. Se dejan sumergir en lo que están haciendo en este momento. Para y huele las rosas.”

El mindfulness es una técnica psicológica que puede ayudar a las personas que tienen dificultades para concentrarse en el aquí y el ahora. Ahora bien, es importante saber escoger el momento adecuado. Si tenemos veinte minutos para comer porque hemos salido tarde del trabajo y acto seguido tenemos una reunión, quizás no sea el momento más adecuado para intentar experimentar pansensorialmente la hamburguesa que estamos devorando, por lo menos si no somos expert@s budistas. Probablemente no lo conseguiremos, y como ya partimos de la base errónea (comentada anteriormente) de que nuestro bienestar depende entera y exclusivamente de nosotr@s mism@s, ello nos llevará probablemente a la frustración; más aún si nos han enseñado que la comerse una hamburguesa es un mortal pecado que nos va a condenar al infierno de la obesidad perpetua (¡qué miedo!, una se imagina al mismísimo Lucifer con una obesidad tipo manzana o androide, zampando patatas fritas con ojos de loco y al borde de la obstrucción coronaria). Sin embargo, quizás sería mucho más útil solucionar el problema inmediato como podamos y pensar, en un momento de más calma, cuál es el problema de base y qué podemos hacer por solucionarlo; es decir, ¿por qué acabamos teniendo que comer en veinte minutos?

“Evita la comparación social

Cada persona trabaja a su propio ritmo, así que ¿por qué te comparas con los demás? Si piensas que eres mejor que alguien, obtienes una sensación de superioridad que puede no ser saludable. Si crees que alguien es mejor que tú, terminas sintiéndote mal contigo mism@. Serás más feliz si te centras en tu propio progreso y alabas el de las demás personas.”

O, en todo caso, tomar a las demás personas como modelo de características o habilidades que nos gustaría ejercitar, siendo siempre conscientes que no se trata de llegar a ser como la otra persona sino de construir una faceta de nosotros mismos inspirada en el buen hacer de alguien que podemos considerar admirable o experto. Cada persona es diferente, con lo cual no sirven las dietas ni la pauta de ejercicio que sigue otra, o la que recomiendan en determinada revista; la atención individualizada es clave.

“No busques la aprobación ajena

Las personas felices no se preocupan por lo que otras personas piensan de ellas. Siguen sus propios corazones sin dejar que las opiniones pesimistas las afecten. Entienden que es imposible complacer a todo el mundo. Escucha lo que tengan que decirte, pero nunca busques la aprobación de nadie, sino la tuya propia.”

El entorno social está para sacar lo mejor de él siempre que sea posible, pero no es bueno confundir las opiniones de los demás personas con la verdad absoluta. Amoldarse a las expectativas ajenas es actuar siguiendo un modelo de motivación extrínseca que tiene muchos números para acabar en fracaso. Además, no pocas veces podremos hallar en los demás contradicciones entre el discurso y las acciones.

“Tómate el tiempo necesario para escuchar

Habla menos; escucha más. Escuchar mantiene tu mente abierta a las sabidurías y las perspectivas sobre el mundo de las demás personas. Cuanto más intensamente escuchas, más tranquila se halla tu mente, y mayor bienestar experimentas.”

Y no únicamente escuchar a las demás personas, sino también aprender a escuchar a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Aprender a conocernos nos permitirá actuar en consecuencia y, muchas veces, evitar males mayores. La introspección es una magnífica cualidad para ejercitar, que está más desarrollada de forma natural en las personalidades introvertidas y que es responsable de gran parte de los beneficios de las mismas.

“Medita

Meditar acalla tu mente y te ayuda a encontrar la paz interior. No hace falta ser un maestro zen para llevarlo a cabo. Las personas felices saben cómo silenciar sus mentes en cualquier lugar y en cualquier momento cuando lo necesitan para calmar sus nervios.”

La meditación se ha usado desde hace siglos con finalidades espirituales y psicológicas, y hoy en día forma parte de la cartera habitual de técnicas de gran variedad de clínicas de psicología, puesto que la ansiedad de much@s pacientes, a menudo relacionada con el descontrol sobre la comida, responde muy positivamente a la práctica regular de meditación. Como se dice en el consejo, no hace falta poseer habilidades de control mental extraordinarias para iniciarse en la meditación. Como siempre, debemos tener presente que no es un remedio universal que irá bien a todas las personas. Afortunadamente, disponemos de otras técnicas para tratar la ansiedad que pueden resultar más adecuadas para ciertas personas y/o situaciones.

“Vive con lo indispensable

Las personas felices rara vez acumulan pertenencias en casa, porque saben que poseer demasiadas cosas hace que nos sintamos abrumad@s y estresad@s. Algunos estudios han concluido que la población europea es mucho más feliz que la estadounidense, lo cual es interesante porque en Europa las personas viven en casas más pequeñas, conducen coches más simples, y poseen menos artículos.”

Pues parece ser que están empeñados en que la variable “felicidad” existe como factor objetivable y que se utiliza en investigación: quizás hablen de investigación cualitativa, aunque en este caso resultaría sorprendente la fijación que denota la última parte de la oración por la cuantificación de casas, coches y número de posesiones. Desconozco si realmente l@s europe@s somos más felices o gozamos de mayor bienestar que l@s american@s, pero me parece que la relación no es tanto con el tamaño o el número de posesiones que guardamos en casa (que dependen más de otros factores, como el nivel económico o el gusto estético personal) como con la obsesión por acumular bienes materiales y, más allá, la equiparación de la felicidad con la posición socioeconómica. Aunque es indiscutible que son necesarios unos mínimos materiales para sobrevivir, los que hallamos en la base de la pirámide de Maslow, es cierto que a medida que escalamos niveles en esta pirámide hallamos conceptos menos tangibles, como la necesidad de aprobación social o la de autorealización. Dichos conceptos podrían considerarse, desde este punto de vista, diferenciales entre el hecho de sobrevivir y el de vivir. No obstante, el caso es que -digan lo que digan y por mucho que les pese- las empresas no pueden vendernos autorealización, sólo pueden vendernos coches y decirnos que conducir es tan guay que te autorealiza; o en su defecto pueden vender cremitas y pastillas para adelgazar y decir que como adelgazar es la clave de la felicidad ello nos hará sentir mucho más autorealizad@s; o también pueden vender a los hombres un desodorante infecto y decirles que tiene tantas feromonas que las mujeres van a tirar su ropa y su dignidad al suelo cuando les huelan, por muy desagradables o poco interesantes que sean los portadores del producto en cuestión.

“Establece el control personal

Las personas felices tienen la capacidad de elegir su propio destino. No dejan que otras les dicen cómo deben vivir sus vidas. Poseer el control total de la propia vida trae consigo sentimientos positivos y un gran sentido del propio valor como persona.”

Respecto a la capacidad de control, de nuevo hay que matizar que a pesar de lo que crean ciertas personas (personalidades con factor N elevado o tendentes al clúster C, por ejemplo) es humanamente imposible ejercer control sobre todas las variables que entran en juego en la existencia de la persona promedio, y ello incluye obviamente las variables que determinan el peso y la morfología corporal. Quizás sería suficientemente ambicioso, como objetivo, establecer un grado de control razonable, o por lo menos de comprensión y adecuada gestión, sobre las emociones y la conducta propias. Hallarse en completo control de la propia vida no lleva a ningún sentimiento positivo ni a ningún sentido del autovalor porque, sencillamente, es imposible; y las personas que intentan algo imposible, como parecerse a l@s modelos de las revistas, suelen acabar con un sentimiento nada positivo per se que se llama frustración. Como la sociedad nos intentará convencer, además, de que lo que pretendemos es posible y si no lo logramos es, simplemente, porque no lo hemos intentado con la suficiente perseverancia (quizás porque somos desidios@s, o poco inteligentes, o poco hábiles, ¡qué más da!), entraremos en un círculo de perpetua obsesión por el control y frustración ante cualquier hecho de la vida que escape al mismo; es decir, que antes del desayuno nos habremos frustrado, como mínimo, tres o cuatro veces, empezando por la falta de control sobre el hecho de que tenga que sonar el despertador a las 7:00 para podernos levantar e ir a trabajar. Gestión de las emociones en respuesta al entorno, pues, me parece un término mucho más saludable.

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Es médico residente en el servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari de Vic (Barcelona). Graduada en Medicina y en Psicología (Mención Clínica y de la Salud; Premio Extraordinario de Titulación) por la Universitat Autònoma de Barcelona; máster en Gender Studies, Intersectionality and Change por la Linköpings Universitet (Suecia); máster en Investigación Clínica Aplicada; y postgraduada en Psicoterapia Integradora. Ha formado parte de la Unidad de Evaluación e Intervención en Imagen Corporal y del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona, de la Gender and Health Promotion Studies Unit (GAHPS) y del European Union Centre of Excellence (EUCE) de la Dalhousie University (Canadá). Es autora de varias publicaciones en medios divulgativos y especializados, ponente habitual en eventos y debates sobre género, salud mental y psiquiatría feminista, y coautora del libro "La Tiranía del Cuerpo: ¿Por qué no me veo como soy?", coordinado por la Dra. Rosa Maria Raich y recientemente publicado (Ed. Siglantana).

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