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Plantas medicinales

La OMS considera como planta medicinal todo vegetal que contiene, en uno o más de sus órganos, sustancias que pueden ser usadas con finalidades terapéuticas o que son precursores en la semisíntesis químico-farmacéutica. Está muy extendida la creencia de que las plantas medicinales son seguras porque se han empleado desde lo antiguo y porque son naturales. Sin embargo, el uso continuado durante años (o siglos) no es una garantía de seguridad y lo «natural» no tiene porque ser más seguro que los productos sintéticos.

La mayoría de estas plantas se pueden adquirir sin receta, con escasa información para el consumidor y muchas veces sin los controles necesarios para garantizar la calidad de los productos comercializados.

Los efectos terapéuticos de las plantas medicinales, se basan al igual que sucede en los preparados farmacéuticos, en la acción de los principios activos presentes.

En este caso su actividad depende de diversos factores, como pueden ser:

  • Las variaciones climáticas
  • La etapa del año
  • La parte de la planta utilizada
  • La forma de preparación

Además de las reacciones producidas por la propia naturaleza de los principios activos, pueden presentarse otro tipo de problemas como:

  • Intoxicaciones como consecuencia de una identificación errónea de la planta medicinal en cuestión.
  • Contaminación por microorganismos, por otras plantas o por productos químicos (pesticidas, productos de fumigación).
  • Adulteración accidental o intencionada con metales, alcaloides, fármacos sintéticos, etc.
  • Efectos derivados del abandono de la terapia farmacológica convencional al sustituirlo, sin consultar a un especialista, por productos medicinales inefectivos en muchos casos.
  • Efectos indeseables por interacciones con medicamentos. Muchas de las personas que consumen plantas medicinales, utilizan también fármacos. Estas plantas contienen compuestos farmacológicamente activos, los cuales pueden interactuar con los fármacos.

 

Características y contraindicaciones de las plantas medicinales más utilizadas en la actualidad

Poleo (Mentha pelegium): Es una planta medicinal digestiva, aumenta la producción de jugos gastrointestinales, favoreciendo la digestión; también aumenta la producción y la eliminación de bilis.

Interacciona con el alcohol, y algunos fármacos como el paracetamol, ibuprofeno, barbitúricos o antihistamínicos.

No debe utilizarse durante el embarazo por su potencial efecto abortivo, ni en la lactancia por sus posibles efectos tóxicos en el hígado.

Ginseng (Panax ginseng): En la actualidad, el ginseng quizás sea la planta medicinal más popular en todo el mundo.

Los principios activos del ginseng son los ginsenósidos contenidos en la raíz.

Al ginseng se le puede considerar como una planta con efecto tónico o adaptógeno, es decir, ayuda al cuerpo a adaptarse al estrés:

  • Aumenta la capacidad de resistencia a las situaciones de estrés.
  • Aumenta la sensación general de vitalidad y la capacidad física y psíquica para trabajar.
  • Según algunas personas, aumenta la capacidad sexual, pero no existen datos científicos al respecto.

Su ingestión crónica si puede ocasionar efectos secundarios: aumento de la tensión arterial, nerviosismo, insomnio, dolor de cabeza, urticaria y diarrea matutina.

Otra dificultad es conocer la fiabilidad del producto. En el mercado hay preparados de muy baja calidad, ya que con frecuencia el producto es falsificado con raíces secundarias, que pueden producir excitabilidad y dolor de cabeza. El tratamiento conviene que no supere las 4 a 6 semanas, seguidas de períodos de descanso de dos o tres meses. No debe usarse durante el embarazo y la lactancia.

 

Manzanilla (Matricaria Chamomilla): Digestiva, hepática, biliar, antiespasmódica y carminativa: Por su condición de protector y reparador de la membrana gástrica es muy adecuada en todas aquellas afecciones en las que está afectado algún órgano del aparato digestivo, favorece las digestiones difíciles y ayuda a expulsar los gases.

Aunque en ningún caso es tóxica y no se conoce rango de toxicidad, tratamientos prolongados o con demasiada cantidad pueden conducir al efecto contrario del deseado, es decir, irritaciones digestivas con sensación de vómitos. No existen contraindicaciones para su consumo durante el embarazo y la lactancia.

 

Valeriana (Valeriana officinalis): La Valeriana officinalis se utiliza desde hace mucho tiempo para el tratamiento de la ansiedad y el insomnio. Es el producto más adquirido en Europa entre los tranquilizantes de venta sin prescripción.

La Valeriana no debe ser utilizada durante más de 2 a 3 semanas, para evitar efectos adictivos. El uso muy prolongado puede producir síntomas de adicción y se puede presentar el síndrome de abstinencia, producido por una interrupción brusca del tratamiento. En dosis extremadamente altas, superiores a 20g, puede causar síntomas de intoxicación con parálisis y debilidad cardiaca. No se debe exceder nunca la dosis recomendada.

La Valeriana potencia la acción de otros medicamentos inductores del sueño, por lo que no se aconseja combinarla con este tipo de fármacos. Puede interactuar también  con alcohol y analgésicos opiáceos. No hay evidencia científica para el uso seguro de valeriana ni en el embarazo, ni en la lactancia.

 

Cáscara Sagrada (Rhamus prusiana): Es un laxante estimulante. El efecto laxante se manifiesta a las 8-12 horas después de su administración. No se recomienda el uso de la cáscara sagrada durante un periodo prolongado de más de 1 semana debido a que puede producir dependencia, además de  potenciar el estreñimiento. Puede provocar en dosis altas efectos irritantes a nivel gastrointestinal, generalmente náuseas, vómitos y diarrea. A nivel neurológico puede ocasionar convulsiones musculares  y vértigo. No debe utilizarse durante el embarazo y la lactancia debido a la ausencia de datos que avalen su seguridad.

 

Las plantas medicinales se pueden conseguir en lugares y establecimientos muy diversos, desde farmacias a mercadillos y también existe venta por correo, lo que ofrece una gran dificultad a la hora de controlar estos productos. Las plantas medicinales conseguidas por canales irregulares sin controles adecuados no ofrecen garantías de seguridad en cuanto a composición, contaminación, adulteración, etc.

El personal sanitario y el público en general, especialmente los que las consumen, deben aprender a considerar a las plantas medicinales como medicamentos, con sus propiedades terapéuticas, pero también con sus posibles efectos adversos, dejando de lado la creencia de que lo natural es sinónimo de inocuo.

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Cristina Lajara Balduque
Estudiante de último curso de la Diplomatura de Nutrición y Dietética por la Universidad de Ciencias de la Salud Blanquerna

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