¿Qué textura deben tener los alimentos y qué cantidad deben tomar?

texturas comida bebes

Ya comentamos en post anteriores, cuándo se ha de introducir la alimentación alimentaria y qué orden de incorporación de alimentos se ha de seguir (o no), así que hoy hablaremos sobre la textura de los alimentos y sobre cómo saber qué cantidad de alimentos debe tomar el bebé.

¿Qué textura deben tener los alimentos que introducimos?

La sugerencia habitual es comenzar por alimentos de transición (purés, triturados, semisólidos) e ir cambiando las texturas hasta acabar por comer igual que los demás miembros de la familia, con adaptaciones menores.

Sin embargo, actualmente se está investigando acerca de una propuesta de alimentación complementaria llamada baby-led weaning lo que sería algo así como “alimentación complementaria dirigida por el bebé” o “alimentación complementaria a demanda”, que consiste en no preparar al bebé papillas especiales, triturados o purés, sino alimentos cortados en pedazos pequeños para que él mismo lo pueda coger y llevárselo a la boca.

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Según el reconocido pediatra Carlos González, “se evitarían muchos problemas si desde el principio evitamos los triturados y los purés, y dejamos que el bebé coma por sí mismo, dejando que se lleve la comida con la mano a la boca y que haga lo que quiera: un trozo de pan, unos fideos, trocitos de albóndiga, de plátano… Y empezando así evitan muchos problemas porque el niño come normal desde el principio y así no pasa, que cuando tienen 2-3 años siguen queriendo solo papillas y que si encuentran un trozo sin triturar le dan arcadas”. 

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¿Cuál es la cantidad que deben comer para estar bien alimentados?

Las conductas coercitivas para que el niño coma lo que sus padres consideran que debe comer, son totalmente desaconsejables, ya que generan resistencias, aversiones y desequilibrios, no solo psicológicos sino también fisiológicos. Este tipo de conductas, al afectar negativamente a la capacidad innata que tienen los niños para regular su consumo de calorías, multiplican por cinco las posibilidades de que el niño padezca obesidad en la edad adulta.

Se deben de respetar siempre las señales de hambre y saciedad, que son los únicos indicadores que determinan la cantidad que el niño debe comer. Los niños varían las calorías que comen en distintas comidas, y los ambientes negativos a la hora de comer se pueden traducir en que los niños acaben tomando un modelo de alimentación insano, que puede continuar en la edad adulta.

Los estudios demuestran que los niños cuyos padres utilizan prácticas de alimentación centradas en el control externo regulan peor las calorías que ingieren que los niños a los que se permite que coman acorde a sus preferencias y sus señales internas de hambre y saciedad.

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Bebé buscando qué puede comer en internet

Así, cuando los niños comen la cantidad que quieran del alimento que quieran, sin que ningún adulto intente controlar su ingesta (los mayores comen solos y a los más pequeños se les da de comer hasta que cierran la boca), su crecimiento es normal y su ingesta de nutrientes, adecuada a medio plazo, aunque las variaciones de una comida a otra son tremendas. Así, los niños comen a veces muy poca cantidad y otras veces mucha, y pasan rachas en las que comen solo uno o dos alimentos durante días, para luego olvidarlos. De una u otra manera, al final se las arreglan para consumir una dieta equilibrada.

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En resumen, cuando se deja comer a los niños lo que quieren, ingieren una cantidad de calorías bastante constante cada día, aunque las variaciones de una comida a otra son enormes. La responsabilidad de los padres se limita a poner a disposición del bebé cuando tiene hambre una variedad de alimentos saludables. La responsabilidad de elegir de entre esa variedad de alimentos saludables y decidir la cantidad que ingiere de cada alimento, no corresponde a los padres, sino al hijo.

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