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¿Se necesita un cambio cultural para evitar el hambre en el mundo?

Cada año la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) celebra el Día Mundial de la Alimentación con el fin de concienciar sobre los principales problemas relacionados con la alimentación en el mundo y buscar soluciones contra el hambre. Este año el tema a tratar ha sido “Sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición”. Cada vez se hace más evidente que los modelos alimentarios actuales son insostenibles ya que están degradando el medioambiente, amenazando los ecosistemas y la biodiversidad, a la vez que comprometen nuestro futuro abastecimiento de alimentos.

Para comprenderlo mejor: un sistema alimentario está formado por el entorno, las personas, las instituciones y los procesos mediante los cuales se producen, elaboran y llegan hasta el consumidor (nosotros) los productos agrícolas. Por otro lado, la sostenibilidad es un equilibrio entre aspectos económicos, sociales y ambientales. Así pues, un sistema alimentario sostenible tiene que cubrir las necesidades alimentarias del presente sin comprometer las del futuro. En teoría, si se mejoran los sistemas alimentarios actuales para hacerlos más sostenibles se conseguirá reducir el hambre en el mundo.

Recientemente, el 14 de mayo de este mismo año, se publicó en varios periódicos el siguiente titular: Comer insectos, la gran solución de la ONU para acabar con el hambre en el mundo. La idea fue del departamento forestal de la FAO que redacto el documento “Insectos comestibles: perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y alimentación para el ganado”. En él se insiste que extender a países occidentales el consumo de insectos podría ser la solución al hambre en el mundo, la obesidad en los países desarrollados y, al mismo tiempo, mejoraría el medioambiente. El principal argumento a favor es que los insectos son altamente nutritivos, saludables y ricos en proteínas (similares a la carne y pescado) a la vez que contienen una cantidad baja de grasa. Asimismo, considera que generalizar el consumo de insectos también reduciría el daño ecológico dado que su producción requiere menos tierras, produce menos emisiones de gases a la atmósfera y limita el uso de pesticidas. Además se cree que podría ser una interesante oportunidad de negocio en comunidades rurales de países en desarrollo.

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Según estimaciones, en el año 2050 en el planeta habrá cerca de nueve mil millones de habitantes. Para poder alimentar a toda esta población se debería aumentar la superficie cultivable en el mundo y eso no parece una opción sostenible. Además, los océanos están ya muy explotados, por lo que recurrir a ellos para obtener alimentos tampoco es una buena solución. Por estos motivos, la FAO sugiere este sistema alimentario para erradicar problemas de salud pública como la obesidad y el hambre. A primera vista, la idea no parece descabellada ya que se trataría de un sistema alimentario sostenible. Mantiene un equilibrio entre los tres pilares básicos necesarios para que sea un sistema alimentario sostenible: economía (nueva fuente de ingresos en comunidades rurales de países en desarrollo), social (reducción de la obesidad y el hambre) y ambiental (menor daño ecológico).

Ahora bien, teniendo en cuenta a aquellos que seguimos una alimentación occidental donde no estamos acostumbrados al consumo de insectos de manera habitual ¿Qué opinas de la solución contra el hambre que da la FAO? Como consumidores, consciente o inconscientemente, nos decantamos por unos alimentos u otros teniendo en cuenta factores religiosos, culturales, educacionales así como nuestras costumbres. Obviamente, comer insectos es una cuestión cultural y por ello causa rechazo actualmente en nuestro país (España). En cualquier caso, la introducción de un cambio tan drástico en nuestra alimentación se debería plantear a largo plazo ya que un cambio cultural tan grande no es fácil ni rápido de conseguir. Por otro lado, ¿cuál podría ser la solución a corto plazo? Quizás deberíamos empezar educando (o reeducando) a la población mundial para que adopten una alimentación sostenible. Una correcta educación previene y reduce problemas futuros. Se me ocurre, por ejemplo, seguir los 10 consejos prácticos para seguir una alimentación sostenible que propone Raquel Bernácer.

Dicho esto, qué opinas: para combatir el hambre y la obesidad mundial y además reducir el daño ambiental ¿es necesario un cambio cultural? o quizás ¿un cambio educacional (o reeducación) para seguir una alimentación sostenible?

 

“Esta entrada participa en la V Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el portal dietistasnutricionistas.es”

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Patricia Nevot
Soy diplomada en Nutrición Humana y Dietética (CESNID). Tras colaborar como dietista en diversos Servicios de Nutrición a nivel clínico y deportivo, decidí realizar el Máster en Nutrición y Metabolismo (UB). Orienté el segundo año de máster hacia la investigación y por ello participé en estudios experimentales sobre la respuesta inmunitaria y los flavonoides del cacao. Actualmente trabajo en restauración colectiva hospitalaria y escribo artículos sobre alimentación-nutrición. Creo que la educación-intervención nutricional es fundamental para que se creen unos hábitos alimentarios saludables y se minimicen varios problemas de salud pública actuales. Sigo formándome y reciclándome, creo que nunca se sabe suficiente y que no hay una única verdad.

3 COMENTARIOS

  1. Desde luego que es necesario un cambio educacional, pero no tiene que pasar necesariamente por comer insectos. De hecho creo que mucho occidentales verán con más buenos ojos comer menos carne y más legumbres, que comer larvas y saltamontes 🙂
    Yo por lo menos lo prefiero!

  2. A mi me parece que los insectos son una opción excelente 🙂 Una buena fuente de proteínas, que a muchas personas no les generarían los mismos problemas éticos que supone comer, especialmente, mamíferos. Ciertamente, otras personas experimentan respetables problemas éticos con todo animal y producto de origen animal; en todo caso, creo que una alimentación de base vegetariana, al menos, en Occidente, sería sostenible, nutritiva y coadyudante, de paso, en la solución de otros problemas de salud de nuestras sociedades (obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia…)

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