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Investigación no farmacológica: ¿la gran olvidada o la gran negligida? (I)

Como puede fácilmente comprobarse, no existe en la definición de ensayo clínico ningún elemento contradictorio o imposibilitante de su aplicación a tratamientos de tipo no farmacológico. Con todo, debido en parte a la tendencia todavía dominante de la investigación de naturaleza más puramente biomédica, todavía son relativamente pocos los ensayos clínicos que ponen a prueba intervenciones no farmacológicas. O, dicho de otro modo, aunque son escasos los proyectos de investigación que se arriesgan a optar por este sofisticado diseño a la hora de estudiar este tipo de intervenciones, aunque técnicamente y metodológica pueda ser factible y, a menudo, deseable.

La mayor tradición de la investigación farmacológica en el mundo científico y el prestigio del cual gozan las ciencias biomédicas en nuestra sociedad se hallan tal vez detrás de la falsa equiparación que a menudo se hace entre los términos “ensayo clínico” y “ensayo clínico con medicamentos”. Sin embargo, también los intereses de la potente industria farmacéutica y la burocracia administrativa han contribuido a hacer más sencilla y cotidiana la puesta en marcha de ensayos clínicos de tipo farmacológico. No debemos olvidar que la industria de los medicamentos lo que desea es (disculpen la obviedad) vender el máximo número posible de unidades de estos productos. No son pocas las ocasiones en las que el tratamiento farmacológico de una determinada condición clínica se convierte en una muleta a corto plazo a cronificarla, mientras que las intervenciones no farmacológicas, aunque posiblemente resulten más largas y costosas de aplicar, pueden tener la clave de una recuperación casi definitiva. Podría ser el caso de los fármacos ansiolíticos versus una buena psicoterapia cognitivaconductual en el tratamiento de aquellos trastornos del espectro ansioso en la génesis de los cuales tiene una primordial importancia la interpretación sistemáticamente sesgada del entorno por parte del paciente. Pero aun más paradigmáticos podrían ser los casos de desórdenes alimentarios (muchas veces indisociables de los de orden ansioso) como la anorexia o la bulimia nerviosas, la vigorexia, la ortorexia o el binge eating.

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Sin embargo, en este punto vale la pena destacar que el origen de algunas de las reticencias a normalizar los ensayos clínicos con intervenciones de tipo no farmacológico radica en la confusión imperante en el mundo biomédico (y aún más a nivel popular) entre lo que es, efectivamente, una intervención sin medicación por medio y (¡muy diferente!) una intervención que se fundamenta en bases teóricas poco sólidas o en ocasiones directamente místicoreligiosas o delirantes, que a menudo es impartida por personas sin calificación sanitaria de ningún tipo y que, en definitiva, se parece más a la bienintencionada administración de agua bendita que a una verdadera intervención terapéutica. Aunque la distinción es clara en la inmensa mayoría de los casos, aún persisten algunas ideas de la vieja escuela, sobre todo entre el estamento médico, que sin ningún sentido crítico equiparan explícita o implícitamente la psicología clínica, la fisioterapia o las intervenciones psicosociales con el psicoanálisis, la homeopatía o la imposición de manos. Obviamente, todas las disciplinas tienen todo el derecho (y, aun más, la obligación) de probar su eficacia mediante ensayos clínicos rigurosos, pero a la hora de legislar y burocratizar sobre la materia, vale la pena tener presentes qué paradigmas han sido repetidamente validados (aunque nunca lo suficiente, como bien nos enseñaron maestros como Cochrane o Sackett) y, no menos importante, se basan en teorías biopsicosociales plausibles y en deducciones fisiológicas o psicológicas verosímiles y razonables a la luz de los conocimientos científicos actuales. Conviene además tener presente que, aunque normalmente cuando se habla de intervenciones no farmacológicas se suele pensar en terapia ocupacional, psicoterapia, rehabilitación, cuidados enfermeros, ejercicio físico, etc., procedimientos tan aceptados socialmente y afines a la medicina “convencional” como son las intervenciones quirúrgicas también forman parte de este cajón de sastre que son los tratamientos no basados en fármacos.

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Dra. Elisabet Tasa Vinyalshttps://www.researchgate.net/profile/Elisabet_Tasa-Vinyals
Es médico residente en el servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari de Vic (Barcelona). Graduada en Medicina y en Psicología (Mención Clínica y de la Salud; Premio Extraordinario de Titulación) por la Universitat Autònoma de Barcelona; máster en Gender Studies, Intersectionality and Change por la Linköpings Universitet (Suecia); máster en Investigación Clínica Aplicada; y postgraduada en Psicoterapia Integradora. Ha formado parte de la Unidad de Evaluación e Intervención en Imagen Corporal y del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona, de la Gender and Health Promotion Studies Unit (GAHPS) y del European Union Centre of Excellence (EUCE) de la Dalhousie University (Canadá). Es autora de varias publicaciones en medios divulgativos y especializados, ponente habitual en eventos y debates sobre género, salud mental y psiquiatría feminista, y coautora del libro "La Tiranía del Cuerpo: ¿Por qué no me veo como soy?", coordinado por la Dra. Rosa Maria Raich y recientemente publicado (Ed. Siglantana).

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