Nutrientes con potencial para tratar la enfermedad inflamatoria intestinal

Fuentes de Omega 3

El término enfermedad inflamatoria intestinal (en adelante, EII) da nombre a un grupo de enfermedades que cursan con inflamación del tubo digestivo, siendo éstas la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. La principal distinción entre ambas es que, en la primera, el proceso inflamatorio afecta exclusivamente al colon estando confinado únicamente a la capa mucosa y submucosa. En cambio, en la enfermedad de Crohn, cualquier parte del tubo digestivo puede estar afectada pudiendo abarcar el proceso inflamatorio todo el espesor de la pared digestiva.

Síntomas y tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal

La prevalencia de desnutrición proteicoenergética en pacientes con EII oscila entre el 20 y el 85% en función del grado y tipo de inflamación, la localización concreta de la enfermedad, etc. Los mecanismos responsables de esta desnutrición son el déficit en la ingesta, el incremento del metabolismo a causa de la inflamación y las pérdidas a causa de la malabsorción, entre otros.

La dietoterapia convencional es el primer frente terapéutico para prevenir y tratar los déficits nutricionales en la EII, aportando una dieta lo más variada posible. En este aspecto, cabe destacar aquellos nutrientes que se ha demostrado que poseen capacidad terapéutica primaria, sobre todo para prevenir las recidivas, siendo éstos los ácidos grasos omega-3 (especialmente en enfermedad de Crohn) y la fibra fermentable (especialmente en colitis ulcerosa).

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La importancia de los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3

Tienen especial importancia el ácido ecosapentaenoico (a partir de ahora, EPA) y el ácido docosahexaenoico (en adelante DHA), presentes en el aceite de pescado. Ambos  ácidos poseen propiedades antiinflamatorias beneficiosas para la EII, en especial para la enfermedad de Crohn.

Esto se debe a que el EPA compite con el ácido araquidónico por las enzimas implicadas en la síntesis de eicosanoides (lipooxigenasa y ciclooxigenasa), moléculas implicadas en la inflamación. Así pues, las prostaglandinas, los tromboxanos y los leucotrienos derivados del EPA, poseen efectos proinflamatorios atenuados en comparación con los derivados del ácido araquidónico. Además, estudios demuestran que tanto el EPA como el DHA inhiben la producción de citoquinas inflamatorias.

Fibra dietética fermentable y ácidos grasos de cadena corta

La fermentación en el colon de la fibra dietética es lo que da origen a los ácidos grasos de cadena corta: acetato, propionato y butirato. El protagonista de éstos y en el que se centran la mayoría de los estudios es el butirato.

El butirato es el sustrato energético preferido de las células del colon y se ha podido observar que existe una disminución en los niveles fecales de este sustrato en pacientes con colitis ulcerosa en función del grado de la enfermedad. Esto implica que, un aumento en la ingesta de ácidos grasos de cadena corta supondría un aumento de butirato, con lo que, según demuestran estudios recientes, podríamos sacar partido a su efecto antiinflamatorio, puesto que se le atribuyen propiedades inhibitorias en la producción de algunas citoquinas.

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Teóricamente, la ingesta de fibra dietética fermentable, que se degrada lentamente a lo largo de todo el colon asegurando suficiente producción de butirato, podría ser beneficiosa en el tratamiento de la colitis ulcerosa. No obstante, aunque esta teoría cuenta ya con varios estudios que la abalan, se sigue investigando sobre ella.

Probióticos y prebióticos

Los probióticos son definidos como cualquier microorganismo vivo que, tras su ingesta en cantidades adecuadas, produce un efecto beneficioso sobre la salud que va más allá del mero efecto nutricional.

Los prebióticos son ingredientes no absorbibles de los alimentos que benefician la salud del individuo que los ingiere al favorecer selectivamente el crecimiento y/o actividad de especies probióticas residentes en el colon como, por ejemplo, la microbiota intestinal.


Bibliografía

  • Pérez Tárrago, C., Puebla Maestru, A. y Miján de la Torre, A. (2008) Nutritional management of inflammatory bowel disease. Nutrición Hospitalaria, 23(5).
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Paloma Fortes

Dietista-Nutricionista. Graduada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Granada (UGR). Actualmente curso un Máster en Nutrición Clínica, también por la UGR.
Amante de la música, el deporte y, cómo no, de la nutrición. Aunque lo que siempre me gustó fue la nutrición deportiva, a lo largo del Grado empecé a desarrollar un mayor interés por la nutrición clínica y, especialmente, por los Trastornos de la Conducta Alimentaria.
Mi motor de actividad es promocionar una vida activa y una mayor consciencia de la repercusión que tiene la alimentación en nuestra calidad de vida. Estoy dispuesta a acabar con el tópico “dieta = sacrificio”.

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