¡Me encanta el azúcar! ¿Y a quién no? Venga, ¿quién es el valiente o la valiente que levanta la mano? (Sin contar la excepción que confirma la regla eh). Usamos mucho la etiqueta de personas “adictas al dulce” para definir a aquellos que tienen una dificultad en controlar la ingesta de comidas dulces. De hecho, tan sólo con poner en el buscador “Google” las palabras “adicción” y “azúcar” obtenemos más de 900.000 resultados. Pero, ¿es correcta esta asignación? ¿El azúcar, realmente, genera adicción?

¿Cómo regulamos la ingesta de alimentos?

Antiguamente (y no me refiero a hace unos 100 años, si no a tiempos primitivos), la búsqueda de comida tenía como único fin la supervivencia. Por el contrario, en la actualidad parece ser que el consumo de alimentos está mayormente impulsado por el placer, más que por la necesidad de obtener energía para sobrevivir.

No obstante, para poder conocer mejor este cambio drástico en el comportamiento frente al alimento vamos a conocer un poco los sistemas fisiológicos que regulan la alimentación. Se trata de dos sistemas que actúan paralelamente e interactúan entre ellos:

  1. El sistema homeostático
  2. El sistema hedonista o de recompensa.
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El primer sistema de regulación es de carácter hormonal, siendo regulado por la leptina, grelina e insulina, que modulan el hambre, la saciedad y los niveles de adiposidad. En resumen, este sistema lo que hace es estimular o inhibir la acción de alimentarse. Así pues, si el balance energético de la dieta es negativo (bajo condiciones de ayuno, por ejemplo), estimula la secreción de grelina y, ésta traerá consigo una estimulación del apetito. Por el contrario, si el balance energético es positivo, se estimula la síntesis de insulina y leptina con el fin de equilibrar el balance energético a corto y largo plazo, respectivamente.

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Pasando a hablar del segundo sistema, el hedonista o de recompensa, es el que tiene mayor repercusión en cuanto al tema de la adicción. De hecho, es una vía capaz de anular al sistema de regulación homeostático durante períodos de exceso energético ante alimentos muy sabrosos y apetecibles a través de la activación del sistema límbico (parte del cerebro que regula las emociones, el hambre, la memoria y los instintos sexuales). Por ende, la ingesta de comida, aunque suele estar estimulada por un balance energético negativo (sistema homeostático), también puede ser estimulada por la activación del sistema límbico a través de una sensación placentera de un alimento altamente palatable, provocando una estimulación del apetito independiente a la provocada por el primer sistema ante situaciones de ayuno.

Con todo ello, es importante tener en cuenta que una disfunción en la regulación de estos sistemas conlleva un estado de balance energético positivo persistente, con el consecuente desarrollo de obesidad.

¿Azúcar como sinónimo de droga de adicción?

El buscador “Google” define el término droga de la siguiente forma: “Sustancia que se utiliza con la intención de actuar sobre el sistema nervioso con el fin de potenciar el desarrollo físico o intelectual, de alterar el estado de ánimo o de experimentar nuevas sensaciones, y cuyo consumo reiterado puede crear dependencia”. Entonces, ¿qué hace el azúcar en nuestro organismo para considerarla como tal?

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La hipótesis de que el azúcar pueda llegar a ser adictiva se basa en los mecanismos de recompensa cerebrales. Cuando se estimula la ingesta de alimentos, no depende única y exclusivamente del hambre, sino también de otros estímulos que percibimos a través de las cualidades sensoriales de los alimentos. En el caso de los alimentos azucarados, no encontramos con la percepción anticipada de que son muy sabrosos proporcionándonos un placer anticipado que activa regiones del sistema límbico, principalmente por el aumento en la secreción de dopamina, lo que nos genera placer.

Diversos estudios han encontrado varias similitudes que nos pueden llevar a pensar que el azúcar actúa como una droga en nuestro organismo:

  1. Tiene un elevado potencial adictivo por la enorme secreción de dopamina que estimula, lo que actúa sobre el cerebro estimulando una ingesta posterior.
  2. La ingesta reiterada de azúcar puede reducir la señalización de dopamina en el cerebro, por lo que para alcanzar el placer cada vez será necesario consumir una mayor cantidad de alimento.

Además, también hay estudios que indican que cuando nos invade la sensación de bienestar tras comer sustancias placenteras se produce un recuerdo en la memoria en el que el estímulo reforzador (en este caso el alimento dulce) produce placer. Este hecho hace que el cerebro interprete al alimento en cuestión como beneficioso, creando posteriormente la misma acción para volver a experimentar ese placer.

Entonces, ¿azúcar como sinónimo de droga de adicción? Podría ser. Sin embargo, hay una gran diferencia que impide esta categorización del azúcar, y ésta reside en que la motivación para el consumo de drogas está únicamente mediada por la vía hedonista, en contraste con la del consumo de azúcar, que se encuentra mediada por ambos sistemas tal y como hemos visto en este artículo: el sistema homeostático y el hedonista.

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Paloma Fortes
Dietista-Nutricionista. Graduada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Granada (UGR). Actualmente curso un Máster en Nutrición Clínica, también por la UGR. Amante de la música, el deporte y, cómo no, de la nutrición. Aunque lo que siempre me gustó fue la nutrición deportiva, a lo largo del Grado empecé a desarrollar un mayor interés por la nutrición clínica y, especialmente, por los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Mi motor de actividad es promocionar una vida activa y una mayor consciencia de la repercusión que tiene la alimentación en nuestra calidad de vida. Estoy dispuesta a acabar con el tópico "dieta = sacrificio".

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